Imaginando una ciudad para la infancia

Llevo días imaginando una ciudad donde niñas y niños crezcamos libres y más felices. Una ciudad con menos ruido, menos coches, menos gris, con aire más limpio, con más verde y más lugares en los que jugar en la calle. Como las de antes.

Ya sé que parece una utopía a estas alturas. Pero las niñas y los niños, y también las personas adultas, necesitamos ciudades más saludables y pensadas para ser vividas.

La realidad actual transcurre de espaldas a la ciudad ideal para la infancia. Es una distopía en toda regla.

Porque ahora los protagonistas son los coches, las motos y los autobuses que nos llevan de un lado a otro. De casa al cole, del cole al médico, del médico a casa, de casa al trabajo. Y así sin parar.

Es como si nos hubieran facilitado un medio en el que desplazarnos. Cuando en realidad lo que queremos de las ciudades es vivirlas. Jugar en la calle, descubrir cosas en el parque y relacionarnos más.

¿Existe una ciudad en la que las niñas y los niños sean los protagonistas?

Oigo a papá y a mamá que hablan sobre la nueva Zona de Bajas Emisiones en Barcelona, las calles que algunos días al mes cierran al tráfico, para que podamos caminar libremente sin tener que seguir los límites impuestos por las aceras.

Pero creo que si nos preguntaran cómo nos gustaría que fueran las ciudades en las que vivimos, se sorprenderían de las ideas que tenemos para que se conviertan en amigas nuestras. Porque ahora, se construyen de espaldas a nosotros.

No somos el futuro de las ciudades. Somos el presente. Y no queremos ciudades que piensen en nosotros para cuando seamos mayores. Anhelamos ciudades adaptadas a las necesidades que tenemos ahora y exigimos que se nos escuche.

Nuestra generación está creciendo con la idea de que las calles no son para nosotros. Las ciudades son para los COCHES. Y es una idea equivocada. Porque ahí fuera es donde está la vida, el oxígeno, donde debería estar el verde... Y es en las calles donde queremos jugar.

Reivindicamos nuestro derecho a jugar en la calle y hacerlo con libertad, en espacios seguros a los que podamos acceder solas y solos.

Sí, sé que esto te costará. Porque comentan que las ciudades no son seguras. Pero los niños necesitamos desarrollar nuestra seguridad y confianza en el entorno en el que vivimos. Si no creceremos y nos convertiremos en adultos con miedo e inseguros en ciudades hostiles. ¿Qué triste, verdad?

Francesco Tonucci, psicopedagogo, pensador y dibujante italiano ha creado el proyecto La ciudad de los niños, porque considera que las ciudades han perdido su objetivo principal: ser un lugar de encuentro e intercambio social.

Él nos inspira y también nos entiende. Y reivindicamos la necesidad de que más adultos nos escuchéis para que pensemos juntos las ciudades y las convirtamos en espacios más creativos.

Por el simple hecho de tener unos cuantos años menos que vosotros, no nos consideráis competentes. Pero os equivocáis. Somos capaces de expresar nuestras necesidades y de contaros lo que nos funciona para ser más libres y crecer con confianza. Al fin y al cabo, una ciudad hecha a nuestra medida es un lugar de convivencia sano para todos.

Por supuesto, que necesitamos más espacios públicos de juego y más zonas verdes. Y menos coches circulando. Pero hay muchas cosas más que hacen de las ciudades, un entorno amigo, de verdad, de las niñas y los niños.

Independientemente de nuestra edad representamos a una gran parte de la población excluida de las decisiones importantes. Además, vivimos en una sociedad diversa e intercultural que quiere defender sus intereses frente a los intereses productivos y financieros. Las niñas y los niños podemos convertirnos en el paradigma de las diversidades. Está en vuestras manos el darnos permiso para ello.

Si nos dais la oportunidad de presentar nuestras ideas, no solo nos estaréis educando en la integridad y la confianza, sino que juntos diseñaremos ciudades pensadas para niñas y niños y amables para todos.